5.10.08

LOS ANUNCIOS: UN EXCESO QUE YA NO ES TAN RENDIBLE

Los anuncios son muy comunes en nuestros televisores. Es un método publicitario para poder conseguir que la gente compre determinados productos, pero también se podría hacer referencia a ellos como elementos de tortura.

En España el número de anuncios que son emitidos en una hora supera con creces el nivel permitido por la Unión Europea.

«La Comisión Europea ha realizado un ultimátum a España por el exceso de publicidad en televisión. El dictamen considera que España viola los límites a la publicidad televisiva que impone la Directiva europea Televisión sin Fronteras. España tiene un expediente abierto desde julio de 2007, después de que un estudio realizado en 2005 y 2006 revelase que "las mayores cadenas españolas de televisión españolas, públicas y comerciales, superan de largo y de forma regular el límite de 12 minutos por hora de anuncios y teletienda".»

http://espana.barrapunto.com/es/08/05/06/2211225.shtml

Además de llegar a ser ilegal la proporción de minutos que se destinan a los anuncios en una hora de emisión, además de impedir seguir un programa con total normalidad (cuando uno mira una película y después de una pausa ya no sabe de que iba la historia)... después de todo eso, uno puede llegar a leer en el periódico (una sección pequeña y sin importancia) que la publicidad llega a ser inútil y no es rendible poner anuncios.

Cuando emitieron en TVE la película de Hellboy, un crítico de la televisión apuntó que había sido una “tortura” intentar ver la película por la gran cantidad de anuncios y las largas pausas que se habían hecho después de ver un máximo de cinco escenas. Lo peor es que si uno acababa el artículo, el señor decía que muchas empresas no creen que las películas sean el lugar más adecuado para poner sus anuncios. Las películas ya no son rendibles para los que quieren poner sus anuncios.

Así pues, ¿no sería más ético que nos dejaran ver la película en paz, ser más legales y ahorrarse el dinero que invierten en los anuncios?

LA RUEDA

Cualquier material que se le de la forma de redonda con un poco de anchura puede considerarse rueda. Esta está presente en nuestra historia desde “casi” siempre. Gracias a ella el transporte ha podido ir progresando hasta el día de hoy. Sí que es cierto que ni los cohetes ni los barcos llevan ruedas pero todo lo que va por tierra sí (camiones, coches, tractores, carros, aviones –también se desplazan por tierra ni que sea en el aeropuerto- etc.).

Las ruedas no sólo están en el transporte, sino también en la mecánica como ruedas dentadas; y así seguro que podría encontrar más.

¿Qué puedo decir de la rueda que nadie sepa? ¿Cómo puedo halagarla sin ser pelota? ¿Cómo darle las gracias por ser un invento base para nosotros?

Ella que nos acompaña a lo largo de nuestra vida. Ella lleva nuestra madre hasta el hospital, con ella “andamos” con el correcaminos, con ella pasamos a la mayoría de edad controlándola desde un coche, con ella vivimos hasta morir, quien nos llevará hasta nuestro agujero y nos dejará descansar mientras ella continúa trabajando con y para nosotros.

EL POST-IT

Se trata de un trozo de papel con formas varias que acostumbra a ser de un color llamativo para focalizar nuestra atención con una pequeña capa adhesiva.

Presuntamente este invento, si es que se puede llamar así, fue ideado por un lector que fue introduciendo en la Biblia papeles para señalar los pasajes que le interesaban. Cuando se le cayó el libro y los papeles se deslizaron de su posición, el hombre decidió añadir la capa adhesiva para así poder transportar el libro sin tener que preocuparse.

¿Hasta que punto puede llegar a ser útil el post-it?

- marcar lecturas

- tomar notas

- ...

EL CLIP

Un trozo de hierro o de plástico, deformado hasta tomar la forma adecuada, puede llegar a hacer grandes milagros, y sino hablen con Lisa Simpson quien gracias a un clip pudo hacer que una ley se aprobara al estar “unida” a otra.

Los primeros en descubrir sus propiedades fueron los bizantinos, quienes deformaban el bronce, aunque era demasiado caro. Pero la patente fue de Samuel B. Fay (EUA, 1867) para sujetar etiquetas en textiles.